Nuestros niños

Mirando pa' dentro 19 de abril de 2017 Por Alejandra Vittar
El tiempo de los niños es mucho más lento; el de los adultos, mucho más rápido y a menudo… ¡los aceleramos! Muy frecuentemente, también, repetimos el modo violento con el que fuimos criados. Entendamos que la no violencia también se aprende.
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Esta semana quiero compartir como siempre  mis reflexiones con ustedes y les propongo que hablemos de nuestros niños, de la importancia de usar con ellos el "trata a los demás como quieres que te traten", igual que con cualquier ser humano.

Con los niños surgen dificultades de comunicación y de acción conjunta, como las que nos ocurren con cualquier ser humano. Pero se añaden también algunas peculiaridades, como por ejemplo, los tiempos psicológicos. El tiempo de los niños es mucho más lento, y el de los adultos, mucho más rápido y a menudo... ¡los aceleramos!

Frecuentemente tenemos objetivos que para los más pequeños no significan nada. "¡Vamos, apurate, comé rápido, la clase, llegamos tarde, nos cierran!" Y acabamos maltratándolos. El objetivo se impone como primario y nos olvidamos de cómo registra, esa personita que llevamos de la mano. 

Ejemplifiquemos el conflicto de intereses, de intenciones, eso que pasa mucho entre padres e hijos, "yo padre, quiero esto, yo hijo quiero esto otro", y se arma el lío. Y cómo a menudo usamos la fuerza, cuando con un adulto uno no lo tomaría como un problema de autoridad, sino como un conflicto de intereses frente al que hay que, simplemente, ponerse de acuerdo.

Y empezamos a hacerles entrar nuestros intereses por la fuerza. Pero a medida que eso ya no nos funciona, nos vamos volviendo expertos en todo tipo de maldades. Y ahí aprendemos a manipularlos. Manipular es llevar al otro a hacer lo que uno quiere, pensando sólo en nuestro provecho.

Es recomendable, entonces, "persuadir": llevarlo al otro a querer hacer lo que queremos, pero pensando en su bienestar, sin forzar la situación, comunicándonos. Lo importante es no obligar, no presionar, no manipular, dejar que hagan, que prueben, experimenten y aprendan, siempre guiándolos, acompañándolos, con una mirada protectora, no inquisidora asfixiante o violenta.

No repitamos el modelo violento que aprendimos cuando éramos niños. Recordemos qué cosas no nos gustaban del trato de nuestros mayores: ¿nos pegaban o mentían? ¿Nos usaban o ignoraban?

Les dejo un pequeño y contundente video, para que nos demos cuenta cómo nuestros niños aprenden de nuestra violencia, pero también pueden aprender la no violencia. Gracias, como siempre, por compartir!!!

 

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