La Mirada interna y la Mirada externa

Mirando pa' dentro 24 de abril de 2017 Por Alejandra Vittar
Con el objetivo de continuar descubriéndonos, Alejandra nos invita a recorrer unos pasajes del libro "El Sentido del Sin Sentido", de Darío Ergas.
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Esta semana  los invito a compartir unos extractos del libro “El Sentido del Sin Sentido”, de Dario Ergas , un amigo  humanista chileno, que puede ayudarnos a conocernos a nosotros mismos de una manera muy interesante.

La Mirada interna y la Mirada externa

La Mirada interna

En una historieta de Quino, Mafalda le dice a Felipe: "Tienes que conocerte a ti mismo" y Felipe, angustiado, responde "¿Y si no me gusto?"

Creo que el temor de Felipe es la primera dificultad que debemos sortear, para entrenar una mirada sobre nosotros mismos. Observar lo que me pasa tiene el problema de que, habitualmente, lo que me pasa no es lo que me gustaría que me pasara. Lo que me pasa generalmente está muy lejano a lo que "se supone" que me debiera ocurrir. En este choque entre lo que observo y lo que quisiera observar, produzco una huida de mí mismo. Huir de uno mismo debiera ser difícil, sin embargo es tan fácil como pestañear.

La mirada interna es la que nos muestra lo que nos pasa. A través de ella podemos acceder al conocimiento de nosotros mismos.

Desde pequeños estamos acostumbrados a percibir el mundo externo, pero no estamos para nada acostumbrados a despertar la mirada sobre nosotros mismos. No acostumbramos a dirigir una mirada sobre la mirada que observa el mundo externo.

Para conocer el espacio necesitamos de telescopios. Para los átomos requerimos de microscopios. Y ¿para el "sí mismo" de la mirada interna?

Esta mirada no se despierta todas las mañanas cuando abrimos los ojos, hay que despertarla. No es una mirada "natural". Requiere de mi intención para ser despertada. Cuando me levanto en las mañanas, el mundo de las cosas empieza a impresionar mis sentidos. La mirada hacia el mundo se despierta y con ella puedo desenvolverme perfectamente durante todo el día. Podría vivir toda mi vida sin nunca rozar la mirada que me muestra a mí mismo. Sin embargo, hay momentos de la vida en que esta mirada interna despierta casi por casualidad. Son los momentos de profundas crisis y fracasos que hemos vivido. En esos momentos difíciles o en situaciones muy especiales, algunas veces sucede que la mirada interna despierta y me provee de alguna información útil para sortear las dificultades y pasar a una nueva etapa vital.

Si queremos profundizar en la verdad interna y el conocimiento de nosotros mismos es posible despertar, entrenar y profundizar una mirada sobre nosotros mismos que llamamos la mirada interna y que puede estar activa mientras lanzamos las múltiples miradas hacia el mundo externo.

En un juego me divierto con lo que va sucediendo y no juzgo a mis contrincantes, ni me castigo cada vez que mis movimientos son torpes. Lo principal del juego es la diversión y no los errores. Lo que la mirada interna observa es maravilloso, no requiere de juicios ni castigos, y si los hubiera, los considero como parte de las maravillas que observo.

No vayan a creer que despertar la mirada interna requiere de cerrar los ojos, o realizar una especie de introspección. La mirada interna la despierto cuando observo lo que me pasa mientras actúo en el mundo. Ese "observarme" es suave, cariñoso, cuidadoso, como a un niño que empiezas a conocer.

Hemos estado hablando de dos miradas. Una mirada habitual, que se nos da mecánicamente, que llamamos la mirada hacia el mundo y una mirada hacia nosotros mismos que llamamos mirada interna.

La Mirada externa

La negación o el ocultamiento de lo que nos pasa nos deja expuestos a interpretarnos a nosotros mismos por cosas que "se dicen" del ser humano. Se dicen cosas sobre cómo es una familia, cómo son las relaciones de pareja, laborales o de amistad. Todas estas cosas que se dicen no son cómo "me pasan". Al descubrir cómo "me pasan" es posible inferir como "nos pasan".

Se dice de la familia, se dice de la pareja, y sufro mi situación familiar y sufro mi situación de pareja. Yo puedo creer lo que "se dice" tal como creo en el fantasma de una película de horror mientras la veo. Del mismo modo, yo puedo creer lo que "se dice" pero, ese "creer lo que se dice", no implica que las cosas ocurran así. Lo que "se dice" es justamente lo que denunciamos como "verdad ingenua".

Más que asegurar que los fenómenos no suceden como se dice, me interesa que se motiven a comprobar esto, acercándose a la verdad interna. Estoy hablando aquí de verdades a las que es posible acceder a través de la "mirada interna", diferenciándola de la "mirada externa", que corresponde justamente al "se dice".

Tal como es posible despertar la mirada interna, existe una mirada externa, pero desgraciadamente ésta no requiere ser despertada, está muy despierta y activa. Es una mirada que me observa, más bien me juzga, desde afuera.

No quiero confundirlos: por supuesto que seguimos siendo nosotros mismos los que nos miramos, pero lo hacemos de un modo externalizado. Lo hacemos desde una óptica que no nos es propia, sino que es sugerida, en realidad impuesta, por el sistema de valores de la sociedad en que vivo, o del grupo social en el que me desenvuelvo. Es la mirada del bien y del mal, de lo que debo y no debo ser. Esta mirada externalizada de mí mismo me llena de inhibiciones. La mirada externa me aleja de mí mismo y me deja expuesto a seguir propuestas que no tienen que ver conmigo. Soy fácil presa de las intenciones ajenas a mí, sin mi consentimiento. Si la sociedad en que vivo está en crisis, confundida y sin sentido, la mirada externa me arrastrará a la crisis, a la desorientación y al sinsentido.

Es posible sobrepasar los supuestos culturales de una sociedad en un momento histórico y avanzar en el conocimiento de sí mismo. Para ello tenemos que desarrollar la mirada interna, aprender a observar lo que nos pasa. Al hacerlo, recordaremos nuestra propia existencia y diferenciaremos lo que nos pasa, de lo que "creemos que nos pasa" y descubriremos que lo que "creemos" es parte de un sistema de creencias propio de la sociedad en que vivimos.

Espero que estas reflexiones nos sirvan para desarrollar la mirada interna y dejar de estar tomados por esa mirada externa deshumanizadora y cosificante. Gracias y hasta la próxima.

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