Boca dueño del superclásico

A la cancha 11 de septiembre de 2022
Con un gran cabezazo de Benedetto, el Xeneize venció a River 1-0 y quedó a dos del puntero. Fiesta en la Bombonera.
Superclásico

Un tremendo cabezazo de Benedetto, al promediar el segundo tiempo, fue la pequeña y enorme diferencia entre Boca y River. Entre un Boca que ganó el superclásico por 1-0 y se puso a apenas dos puntos del líder Atlético Tucumán y un River que perdió y está a cinco de la punta.

Los dos gigantes del fútbol argentino jugaron sin grandes estridencias, como con temor a una derrota. En ese contexto, de mucho vértigo y varios roces, el 0-0 se explicaba por dos atajadas muy buenas: la de Rossi ante un anticipo de Mammana, en un corner apenas comenzado el clásico y la de Armani, ante un remate de Pol Fernández justo antes del 1-0.

Entre una jugada y otra, hubo un duelo de sangre caliente -como todo choque de este estilo- y escasa creatividad o jugadas de real peligro. Hubo un Ibarra que salió a jugar con lo previsto y un Gallardo que intentó sorprender y en 45 minutos debió hacer tres cambios.

Los tres zagueros sin un 9 (el ataque lo conformaron Pablo Solari y Matías Suárez) trocó por ese triple cambio en el entretiempo: Aliendro, Barco y Borja por Herrera, Quintero y Solari. Pero no modificó las carencias de River a la hora de generar fútbol.

Encima, Boca no desaprovechó la segunda chance de gol que tuvo y Benedetto se sacó la mufa. Volvió a meterla después de un largo tiempo con un cabezazo de colección que hizo imposible el esfuerzo de Armani por sacarlo.

Así, como la última vez en el Monumental, Boca le ganó a River por 1-0 y se hizo dueño del superclásico. Un cruce que puede ser determinante en el camino rumbo al título ya que deja al no hace mucho cuestionado Boca en una situación casi de privilegio. Es merecida la alegría porque dejó la piel en su cancha (Rojo se excedió y fue bien expulsado sobre el final por una patada de karateca sobre De la Cruz).

Para River es un cachetazo más en un 2022 con demasiados altibajos, incluidas las decisiones de su entrenador. Gallardo quiso sorprender como lo hizo tantas veces durante su ciclo, pero ese triple cambio para jugar el segundo tiempo fue aceptar el error inicial. Y los cambios no modificaron casi nada. Cambios que redundaron en terminar jugando con un doble 9 (Beltrán-Borja) pero sin acciones de real peligro.

Fuente: Olé.

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