La franqueza ante todo

Opinión 30 de mayo de 2016 Por Mario Wainfeld
Reproducimos su columna, publicada en Página/12 del domingo 29 de mayo.
Santoro
Daniel Santoro. - "La felicidad del pueblo" (imagen ilustrativa).

El economista Javier González Fraga sinceró su pensamiento en un reportaje que le hizo el periodista Luis Novaresio en la radio La Red. Formuló un diagnóstico sobre la etapa kirchnerista. Merece una transcripción fiel, no hay desperdicio.

“Venimos de 12 años en donde las cosas se hicieron mal. Se alentó el sobreconsumo, se atrasaron las tarifas y el tipo de cambio... Donde le hiciste creer a un empleado medio que su sueldo servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”.

Si un islandés recién llegado e imbuido de la narrativa hegemónica leyera el panfleto, podría suponer que el “empleado medio” jamás accedió a esos bie-nes. Que el embriagador relato kirchnerista le “hizo creer” que accedía a bie-nes materiales tan superfluos como una tele, un celu o un autito.

Tal vez podría recordar una escena de Atrapado sin salida, notable y añeja película dirigida por Milos Forman. Transcurría en un hospital psiquiátrico. Los internados querían ver un partido de béisbol por tevé, los castigaron prohibiéndoselo. Jack Nicholson, uno de los internados, se plantaba delante del aparato apagado y les contaba el partido con vivacidad y entusiasmo. El puebl… perdón, el público se implicaba tanto que le creía, saltaba, festejaba, la pasaba bien. El simulacro los distraía de las privaciones.

Hay quien equipara a los populismos a esa pintura. Un ersatz, una falacia, que se vale de la credulidad de los necios. Hete acá que González Fraga sabe que fue distinto. Que “el empleado medio” (no un indigente, ojo al detalle) accedió a bienes funcionales para el ejercicio de la ciudadanía en el siglo XXI. Que, para colmo, “le hicieron creer” que podría terminar los estudios secundarios incompletos con el programa Fines o ser el primero de su familia en asistir una Universidad, cercana a su hábitat, para colmo. También se lo manipuló haciéndole creer que todas las parejas (fuera cual fuera su preferencia sexual u opción de género) tendrían los mismos derechos.

Lo que subleva a González Fraga, aunque lo escamotee, son el ascenso social y las ampliaciones de derechos. Que “esa gente” se crea con (disfrute de) derechos que él ejercita desde la cuna, como si tal cosa.

El hombre matizó un cachito “No digo que si era bueno o malo. Por supuesto que era bueno, pero no era normal. No era sostenible”. Lo fue, empero. El ex presidente del Banco Central y sus aliados luchan, se desangran y se empecinan para revertir el desbarajuste.

“Para que la Argentina vuelva a los niveles que nunca debería haber abandonado en el ranking internacional”, pondera González Fraga sin aclarar cual fue esa edad dorada a la que quiere retornar y cuáles los indicadores formidables que perdimos. Tampoco define a qué llama “normal” rendimiento de un sueldo medio. Menos mal.

Nobleza obliga. Cuando tantos comunicadores oficialistas evitan discutir de política y realizaciones, González Fraga se mete con patas y todo. Define lo que lo subleva, imagina su proyecto de país.

Su bronca es franca, honesta intelectualmente. No son ya “los negros” quienes deben esperar… los empleados medios deben extremar su frugalidad, abandonar el consumo ostentoso, ponerse a la cola.

El jurado premió a González Fraga con el Olimpia de plata de la semana en macrismo explícito. Jorge Triaca se llevó el oro porque la condición de ministro de Trabajo agrega un bonus a la puntuación.

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