Obediencia convenida

Salta 12 de agosto de 2016 Por El Diablito
A poco de dejar el Ministerio de Educación, la contadora Marianela Cansino volvió a conseguir ocupar un cargo jerárquico dentro de la función pública.
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Según lo publicado en el Boletín Oficial de la provincia, la ex ministra de Derechos Humanos, Marianela Cansino, fue designada para ocupar un lugar en el ministerio de Salud.  En la decisión N°1975 del Boletín se establece que la polémica Cansino es la nueva coordinadora de Financiamiento y Gestión de Programas de Salud, dependiente de la cartera que conduce el ministro Oscar Villa Nougues.

Más allá de su cuestionada idoneidad para ejercer la función pública, es claro que la ex ministra goza de una envidiable capacidad para estar siempre primera en la consideración de quienes toman las decisiones en la provincia.

No es en vano recordar la paupérrima gestión en el ministerio de Derechos Humanos, la cual no sólo la obligó a salir en silencio, por la puerta de atrás, sino que produjo la disolución del mismo como organismo autónomo.

Aunque Cansino se fotografiaba en cada evento ejecutivo, su mandato en el ministerio fue lamentable, desde lo económico,  social y humano. Los flashes que retrataban su sonrisa en estos eventos, que compartía con el ex secretario Martín García Cainzo, no servían para borrar o tapar el hambre y la desolación de miles de salteños que se sintieron desprotegidos por un Estado que hizo monumentos a la desidia.

Propio de la gestión urtubeycista, se inauguraban con bombos y platillos programas y espacios que “sonaban lindo”, pero lo cierto es que nunca hubo presupuesto para sostenerlos, por lo tanto en dos o tres meses los profesionales designados, en su mayoría, abandonaban sus funciones debido a las pésimas condiciones laborales (muchas de las cuales continúan).

El ministerio de Derechos Humanos no tenía presupuesto. Los profesionales que allí se desempeñaban eran insuficientes, no eran bien remunerados y ni siquiera contaban con el material necesario y suficiente para desempeñar su tarea.

Pero Cansino siempre hizo los deberes urtubeycistas, siempre acató órdenes y nunca renegó del presupuesto. Aunque esto traiga como consecuencia hechos terribles, como la muerte de personas de sectores de alta vulnerabilidad. Lo único que Cansino debía hacer era permanecer callada, sin quejarse. Fue obediente.

Quizá sea esa obediencia la que le permite a la contadora estar siempre primera en la lista de candidatos para ejercer un cargo público.

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