Reconocimiento de la violencia

Mirando pa' dentro 06 de febrero de 2017 Por Alejandra Vittar
A lo largo de los años fue preocupación del Humanismo entender (entre otros temas) la raíz de la violencia y desarrollar la Metodología de la No violencia activa con herramientas prácticas para hacer frente a este flagelo.
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Hola amigos de El Diablito:

Llevo unos diez años formando parte de los Consejos Permanentes por la No Violencia Activa (CPNVA), distribuidos en varias provincias y en unos diez países, y más de treinta años (un montón) participando en La Comunidad para el desarrollo humano, organismo internacional que tiene su base filosófica en la corriente de pensamiento denominada Nuevo Humanismo.

A lo largo de esos años fue preocupación de esta corriente entender (entre otros temas) la raíz de la violencia y desarrollar la Metodología de la No violencia activa con herramientas prácticas para hacer frente a este flagelo. Los invito entonces a reflexionar y reconocer ciertos aspectos de la violencia que por lo general se nos pasan por alto.

La violencia física, grosera y manifiesta, no necesita de ningún estudio especial para ser reconocida. Sin embargo, la violencia invisible (esa que se acumula), no la llamamos violencia.

Por ejemplo, tanto en el trabajo como en nuestra familia, tenemos  necesidad de afecto, de participación y una gran necesidad de que lo que hagamos llene nuestra vida de sentido. Pero resulta que estas necesidades no son consideradas  significativas por nuestra cultura. No es un tema explícito de conversación en las instituciones ni en los medios, el hecho de que necesitamos ser tratados con afecto y tratar también con afecto, así como participar en las decisiones que nos involucran o que lo que hagamos debe llenarnos de sentido.

Y  parece que esto no debería importarnos. Sin embargo este modo de convivencia “normal”, es el que nos produce violencia aunque su causa no sea fácil de reconocer. Pareciera que con solo satisfacer las necesidades fisiológicas primarias, uno debería ser feliz, es decir, no tendría “de qué quejarse”.

Nuestra tarea debe ser entonces la de la desnaturalización y superación de la violencia, tanto en los planos personal, familiar, institucional o social. Reconocer esa violencia naturalizada que recibimos y que ejercemos sobre otros. Entonces no nos vamos a ocupar de la violencia física ya consumada, donde sólo quedaría reparar el daño sufrido por la víctima y el control y recuperación del victimario, porque para eso están las instituciones sociales especializadas en esas funciones, que corresponden al campo de la medicina, la psicología, la justicia, la seguridad , además de organizaciones civiles de voluntarios que protegen y defienden contra la violencia de género, el mal trato a los niños, etc.

Y no es que no nos interese en este análisis poner la atención sobre una situación emergente ya que todo hecho consumado de violencia nos perturba, pero ahora interesa destacar el enfoque de las causas ocultas de la violencia colectiva, y la posibilidad de prevenirla, actuando sobre cada una de esas causas “invisibilizadas por el hábito”.

Muchos de nosotros no nos resignamos ni nos acostumbramos a la violencia y queremos hacer algo para superarla en nuestras instituciones, en la comunidad y en nuestra vida personal. Por ejemplo, sería bueno intentar que se satisfagan esas necesidades que mencionamos, de afecto, participación y sentido, en todas las organizaciones y en particular, en las instituciones educativas.

Consideremos, además de esa violencia institucional, aquella otra violencia que se genera en nuestra propia mente, por algún resentimiento que permanece en la memoria y no podemos resolver, o por ciertos temores hacia el futuro que nos alteran y enojan. Consideremos también la violencia acumulada en nuestro cuerpo a la que llamamos tensiones físicas, emocionales y mentales (es sabido que muchas enfermedades derivan de esta acumulación de tensiones y se las conoce como “somatizaciones”).

Observaremos entonces  que se hace cada vez más necesario desarrollar una estrategia general de cambio, que los que conformamos los CPNVA, denominamos “Metodología de la no violencia activa” y desarrollar también tácticas específicas para cada forma particular de violencia.

Para detectar con mas claridad los factores tan diversos que producen violencia, dividiremos la realidad en tres partes o planos:

- Individual o Personal Interno.

- Institucional u Organizacional.

- Social o Comunitario.

Nuestra mirada se podrá dirigir a uno u otro de estos tres campos de estudio, buscando reconocer las formas invisibles u ocultas de la violencia. Por supuesto, que no descartamos los factores sociales que tienen que ver con la desigualdad de oportunidades y con la utilización de la violencia física y económica como estrategia de los centros de poder nacionales y mundiales para controlar a las poblaciones.

La raíz de la violencia

Hay un principio humanista que dice: “Harás desaparecer tus conflictos cuando los entiendas en su última raíz, no cuando quieras resolverlos”.

Si nos ponemos a observar, reconoceremos que en la raíz de esta cultura violenta en la que estamos inmersos, hay factores comunes instalados en los tres planos, como ser un proyecto de vida individualista y posesivo (que se  opone a un proyecto de vida solidario) y un enfoque violento para producir cualquier tipo de cambio (a diferencia de un enfoque no violento para realizar  verdaderos cambios sociales).

El proyecto individualista, está “naturalizado” como si fuese el único proyecto de vida posible. Genera violencia, porque fomenta la desconfianza del otro, al que convierte en un rival, fragmentando las relaciones, llevando a la soledad, al temor, a la defensa y a la agresión como forma de vida. Se lo considera inmodificable, como si surgiera de un impulso innato, no aprendido, sin reconocer que vivimos en una cultura que lo promueve y que podría educar en sentido contrario.

Participamos de una economía basada en el individualismo y la competencia, una forma similar para la política, para el deporte, para las profesiones, el arte y por donde se quiera mirar, se observa el proyecto de vida individualista, competitivo, posesivo y por lo tanto, violento, como algo “normal”, naturalizado.

Estará en nosotros reconocer y no seguir alimentando estos factores que, instalados en nuestra vida personal y en nuestra comunidad, generan las más perversas o sutiles formas de violencia; y decidirnos a construir entre todos  un proyecto de vida solidario cooperativo y no violento para poder  realizar profundos y verdaderos cambios sociales desde la Metodología de la no violencia activa.

Gracias por compartir estas reflexiones y su tiempo conmigo.

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