Violencia Obstétrica y Organización Popular

Tetas en Revolución 08 de marzo de 2017 Por Rosa Raydán (*)
Cuando en espacios públicos y medios de comunicación se habla de violencia de género, la referencia generalizada es la de la mujer víctima de violencia doméstica.
tetas en revolucion

Fue una victoria feminista de la Revolución que en la Ley por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, de 2007, el ordenamiento jurídico nacional reconociera 19 tipos de violencia de género, la mayoría de los cuales, trascienden el espacio privado, culturalmente -patriarcalmente- asociado con lo femenino.

Una de esas 19 categorías es la violencia obstétrica. Y probablemente es la más invisibilizada e incomprendida, tanto en lo institucional como en lo cultural. Hay aún quien piensa que es normal el viacrucis emocional y físico por el que pasa una mujer mientras trae a sus hijos al mundo. Que está bien que a las parturientas las llamen gritonas. Que es una rutina científicamente justificada, que al recién nacido lo golpeen en el segundo exacto en que sale de la paz de la barriga de su madre y que, acto seguido, lo recluyan en un retén.

La violencia obstétrica está conformada por un cúmulo de elementos pero, en lo concreto, se trata del irrespeto a la vida misma, encarnada tanto en la mujer que pare, como en el ser humano que está a punto de nacer, en un momento en el que ambos se encuentran en completo estado de indefensión.

Es violencia obstétrica obligar a una mujer a parir acostada. Es violencia obstétrica realizar una cesárea innecesaria. Es violencia obstétrica separar al bebé de su madre durante los cruciales momentos del postparto. Es violencia obstétrica aplicar a una parturienta fármacos que no necesita, simplemente para cobrarle más -aunque esto lo hagan hablándole bonito en una clínica cinco estrellas-. También es violencia obstétrica el ruleteo de una embarazada y el maltrato simbólico al que se le somete con frecuencia en las maternidades públicas.

Desterrar la violencia obstétrica de los centros de salud, es una tarea fundamentalmente institucional de máxima envergadura. Pero enderezar el imaginario que existe alrededor de la violencia obstétrica es una tarea que puede ser asumida por el pueblo.

En nuestros espacios familiares, de trabajo, comunales, de esparcimiento, activemos los poderes creadores del pueblo y asumamos el tema como una tarea fundamental de organización y militancia revolucionaria. Que cada embarazada tenga su plan de parto, que conozca sus derechos, que la comunidad garantice su llegada al centro de salud y la proteja del ruleteo, del maltrato, de la soledad.

Hemos celebrado con fervor los avances feministas logrados durante los años de la Revolución, pero faltan temas por consolidar. Uno de esos pendientes es que la violencia obstétrica sea entendida como lo que es: un atentado contra la vida.

Desde el seno de nuestras comunidades, debemos empoderarnos para exigir el derecho de nuestras mujeres a parir con dignidad, y de nuestros hijos de ver la luz en un entorno amoroso y de paz. Parafraseando al Gigante: Parir viviendo y nacer viviendo, para lógicamente poder “vivir viviendo”.

Fuente: tetasenrevolucion.wordpress.com

(*) Integrante del colectivo venezolano Tetas en Revolución.

Te puede interesar